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martes, 13 de julio de 2010

La política del mal vecino: Un colegio

Foto de: www.trujillo2020.com

Por Gerardo Cailloma Navarrete




Vivir cerca de un colegio es, muchas veces, una terrible pesadilla. Los meses de clases pueden convertirse en un verdadero dolor de cabeza para una persona, como yo, que tiene que levantarse con gritos de mozalbetes e himnos estruendosos a las 7 de la mañana, fuera del endemoniado tráfico que se genera con la llegada o partida de los críos y jóvenes. De un tiempo a esta parte, las diversas conversaciones que hemos tenido con las autoridades escolares del plantel educativo vecino han sido algunas penosas, otras sensatas.

Algunas autoridades de dichos planteles (una vez fui director de área de uno de los colegios de aquí en Trujillo) han tenido buenas relaciones con el vecindario al cual tratan de integrarse. Otros han sido el modelo ideal de cómo ser un pésimo vecino y un modelo ideal del profesor que va a generar patrones verticales en sus alumnos y subordinados.

El colegio en cuestión, Colegio Liceo de Trujillo, genera una serie de actividades que fomentan la permanente trasgresión de nuestra zona, que es una zona residencial como estipula la municipalidad de mi ciudad. Pero, valgan verdades, la ley en nuestra sociedad es ley muerta, ya que ni las autoridades no hacen acciones para hacerla respetar, y en la mayoría de casos es ella misma quien la quebranta. El Colegio Liceo de Trujillo ha fomentado la formación de diversas bandas, cuya única oportunidad de ensayar es casi al aire libre.

El fomento del arte musical es siempre bienvenido; es más, debiera ser un aliciente para crear en los jóvenes amor a la música y aprender de su disciplina para otros quehaceres de los mismos, por ejemplo, el estudio. Pero todo esto se debe realizar en un marco adecuado y aparente que perturbe la paz de los demás. El día de hoy domingo, el diario La Industria ha publicado especial sobre el ruido en nuestra ciudad. Creo que podría incluirse en las diversas modalidades que acosan a los ciudadanos trujillanos el de los generados por las bandas de los diversos centros escolares.

Esta situación se agrava mucho más en las cercanías de los fiestas del colegio en cuestión o la participación del mismo centro en una actividad cívica (la que hemos totalmente militarizado). Es interesante que para un evento cívico tengamos a varios de nuestros adolescentes perdiendo valiosas horas de clases y que incluso la absurda participación de los jóvenes en estas marchas se conviertan en varias notas de diversas materias. He oído a algunos directores, quienes defienden esto, decir que es la forma cómo un adolescente muestra amor a la padria. Y son directores escolares. Así, pues, tenemos con la venia de la dirección, la invasión de espacios públicos para hacer sus prácticas. Muchos conductores, incluido yo, nos hemos visto desesperados en diversos lugares de la ciudad que fueron sorpresivamente invadidos por diversos mozalbetes, quienes desafiaban burlonamente a los conductores, bajo el amparo de un permiso jamás mostrado a la comunidad. Peor aún, estos ensayos se hacen en zonas residenciales, zonas para vivir teóricamente en paz y no para ser agredidos por ruido y actitudes soeces de alumnos y profesores. Son, pues, malos vecinos. Su preocupación es cumplir con su absurdo plan de trabajo en cual, por lo visto, no se incluye el valor del respeto y las normas básicas de convivencia; el colegio enseña al alumno a ser un trasgresor de reglas sociales de manera impune y autoritaria.

El caso más extremo y triste fue el que sucedió hace unos años en México, caso nefasto de situaciones límites creado por la falta de respeto hacia los demás: una guardería había tomado por mala costumbre cerrar la calle para hacer sus eventos casi interdiarios con la molestia de los vecinos; las primeras oportunidades fueron bienvenidas por los vecinos, pero luego se fue tornando una pesadilla; hasta que llegó lo peor: un día un vecino exasperado arremetió con su camioneta contra profesores y pequeños alumnos con un saldo signficativo de muertos, heridos y lamentaciones. El hecho fue juzgado como un verdadero crimen, pero no se vio los orígenes del mismo. El límite del conductor es el que puede pasar a una persona que esté apurado en su vehículo por una urgencia y ve cómo de manera impune se apropian de espacios públicos para el uso indebido del mismo. Cuando la Avenida España u otro espacio es ocupado ilícitamente (tienen raros permisos), sería interesante hacer un encuesta a los ciudadanos de micros, taxis, a todos aquellos que ven postergadas sus actividades importantes y urgentes por eventos como estos.

¿Qué están entonces aprendiendo? Cierto es que para obtener una nota aprobatoria para estos jóvenes, más que estudiar es tratar de levantar lo más posible la pierna delante de un estrado para aprobar. Sé que en varios colegios, incluso cursos como Historia, Sociales, Cívica, depende de una estúpida marcha. Si la ciudadanía se vuelve más sensata frente a esta bizarra política que fue un poco desechada por el pasado ministro Lynch durante el gobierno de Toledo, el actual gobierno ha vuelto a esta absurda política para fomentar el carácter circense de lo que debe ser un día festivo patriótico y dar un raro sentido de competitividad entre los colegios. Hay que competir en conocimiento práctico, no en mecanicismos verticales.

Como docente universitario, además, vemos con mucha preocupación que los alumnos vienen con menos herramientas básicas de estudio y conocimientos básicos de lengua, matemáticas y realidad nacional. Esas valiosas horas desperdiciadas, así sean fuera de hora de clases, deberían ser mejor aprovechadas en herramientas metodológicas de estudio y conocimiento geopolítico, fuera de lenguaje y ciencias.

Pero esto dista de ser tomado en cuenta y peor aún se va acentuar para poder ofrecer más circo a la comunidad; si los tanques chinos no saldrán, que salgan los alumnos en vez. Entonces, y volviendo al tema que me hace escribir este llamado de alerta, todos los vecinos que tengamos un colegio público o privado (varios de ellos) cerca a nosotros, seremos torturados por la insensatez y verticalidad de las autoridades educativas de nuestra ciudad, región y país. Preparémonos.

domingo, 2 de mayo de 2010

Contaminación Sonora


Foto de: www.flicr.com (Galería de Kepler Perú)




Por: Marisa Rosazza Pizarello
De: Editorial – Diario La Industria
2-5-2010 - Problemática vecinal

Desde hace varios años, los vecinos del Pasaje Modesto Blanco, zona residencial de Trujillo, vienen llevando a cabo una campaña ante las autoridades, con el fin de erradicar un ruido desenfrenado que sin conmiseración, perturba con detrimento y menoscabo, su vida y su salud mental y sus actividades cotidianas. Este ruido escandaloso e ininterrumpido, el griterío y el estruendo escuchados sin cesar, obstaculiza la actividad de los vecinos y atenta contra su salud mental y la tranquilidad vecinal. Estas actividades suceden abiertamente a pesar de los derechos que existen contra ruidos molestos amparados en la Constitución Política.
En la soledad de su reclamo, los vecinos del Pasaje concuerdan de modo unánime. En un recurso de queja por “contaminación sonora” al Ing. Manuel Llempén, Gerente del Servicio de Gestión Ambiental de la Municipalidad, señalaron como causante, al Colegio Sir Alexander Graham Bell, sito en el Jr. Alfonso Ugarte N° 532 y al Jardín anexo, propiedades que colindan con el Pasaje en su área posterior y que fue designada área de recreación, deportes, eventos sociales, fiestas y celebraciones por los planteles. Los eventos se realizaban a diario durante todo el día, hasta altas horas de la noche, haciendo uso de parlantes, micrófonos, pitos y otros equipos de sonido a un volumen tal, que excedían los límites de decibeles permitidos en más d un mil por ciento. Este ambiente nocivo se daba inclusive en los fines de semana y feriados.
En innumerables ocasiones los residentes acudieron al plantel a hablar con el director y el personal administrativo, a quienes manifestaron los hechos. Ellos, a pesar de decirse educadores y pedagogos, hicieron caso omiso al reclamo, lo que motivó a los vecinos a comunicarse con la Policía Nacional y con funcionarios del Municipio, sin lograr absolutamente nada, salvo más agravios, ya que el ruido y la cantidad de eventos aumentaron como si hubiese sido a causa de la queja realizada.
La infernal bulla comenzaba a las 6:30 am, con eventos deportivos y demás actividades de la mañana. Por las tardes, se daban clases de baile, marinera, negroide y Huaylas. Había partidos de fútbol todas las noches y no era raro, que las pelotas traspasasen la “malla circundante” del “campo deportivo”, y que se rompieran los vidrios de las ventanas de las casas y se abollaran los vehículos estacionados en el Pasaje, sin tomarse por ello, ninguna medida correctiva. Lo mas agravante es que entre los vecinos habían personas enfermas de avanzada edad que y a quienes se les recomendaba reposo absoluto en sus hogares, según consta en los certificados médicos que fueron adjuntados para requerir la intervención del Municipio, a fin que actúe, que expida las sanciones pertinentes, y tome las medidas correctivas; ya que de no acatarse las directivas, se obtendría la clausura de la licencia de funcionamiento. Copias de la petición se enviaron a la Dirección Regional de Educación, la Dirección Regional de Salud, al General de la PNP Región La Libertad-III Diterpol-al Presidente del Comité Regional de Defensa Civil. Toda esta burocracia fue alertada detalladamente del caso y nunca respondió, nadie apareció.
Infatigables, los vecinos continuaron en el espinoso camino del cumplimiento de la ley y el respeto a sus derechos y en subsiguientes comunicaciones, dejaron constancia del cambio de nombre del colegio que ocupa el local sito en Alfonso Ugarte N° 352 y 346, Cercado, en donde se había instalado el “Colegio Kepler Pre Universitario”, sin haberse realizado ninguna de las obras de construcción civil y otras, para evitar la contaminación sonora que fue el motivo de quejas anteriores.
La Municipalidad de Trujillo, permitió la instalación de un nuevo colegio en el mismo local que funcionaba el Graham Bell, sin exigir el cumplimiento de las normas de Seguridad, Protección Ambiental y Anti-acústica de acuerdo a la Ordenanza Municipal N° 008-2007-MPT. Por ello, los vecinos responsabilizaron a la Municipalidad por los daños a la salud que ocasione la inacción, presentando a Cesar Ruber, Fiscal Titular de la 1ra Fiscalía Provincial de Prevención del Delito de Trujillo, una ampliación de denuncia contra el Colegio Graham Bell y La Municipalidad Provincial de Trujillo.
En innumerables oportunidades los vecinos del Pasaje Modesto Blanco han llamado a Seguridad Ciudadana para que acuda al colegio, deje constancia y solicite callar los ruidos molestos ocasionados con las fiestas y eventos, actividades deportivas y bulliciosas que se han venido suscitando cada vez mas frecuentemente durante el transcurso del año 2009 y el verano de 2010, hasta la fecha.
A los vecinos del Pasaje Modesto Blanco no solo les mortifica y agrede el ruido trasgresor que les hace la vida imposible. Les decepciona también el modo como los profesores permiten que los estudiantes realicen sus actividades sin ninguna consideración por el vecindario en el que se encuentran. No se les enseña la importancia del ideal: “aprender a vivir juntos”, con el cual la Unesco define la cultura. Estos ciudadanos del futuro ven que pueden salirse con la suya y pisotear el derecho de los ciudadanos del Pasaje. Por su lado, los educadores conocen la inoperancia del sistema administrativo y de seguridad de la ciudad y continúan actuando en ese esquema. Los padres de familia sufrirán su destino, porque la contaminación abarca todo el espacio vital y sus hijos también asumirán sus riesgos. Aquí todo vale y cada cual está en la suya a perjuicio de los residentes del Pasaje Modesto Blanco, quienes son familias que pagan sus impuestos, el serenazgo, cuidan del ornato de su vecindario y solo quieren vivir en paz.


Foto de: www.keplerperu.com